Por Luis Delsemme

¿Puede un hombre que está habituado a exigencias mentales extremas, a tomar decisiones que representen la vida o la muerte en segundos, cometer un femicidio? Indudablemente, la respuesta es sí.

Javier Carlos Galván, tenía un legajo impecable en la Fuerza Aérea, en donde se desempeñaba con el grado de vicecomodoro como piloto de aviones caza primero y luego en su último destino como piloto de pruebas.

Esa frialdad calculadora lo definió en su vida como un hombre muy reservado y poco afecto a las relaciones amistosas, él menos así se presentó ante la familia y amigos de su víctima Ivana Módica. En cambio, ella era una mujer amable, luchadora, deportista y estaba enamorada de quien se convertiría en su asesino.

La noche del 11 de febrero de 2021, en la casa que la pareja ocupaba en Av. Marconi 525 del barrio Santa Rosa de La Falda, según declaró el acusado, existió una discusión que fue aumentando la tensión hasta que la tomó del cuello y lo comprimió hasta quitarle la vida. Según determinó la pericia, la muerte se produjo luego de seis minutos de ejercer presión con ambas manos.

La mató, vistió el cuerpo y lo ocultó

Luego de quitarle la vida con sus propias manos, el ex oficial respondió un mensaje por WhatsApp a la hija de Ivana, vistió el cuerpo con la ropa de gimnasia que utilizaba habitualmente para salir a caminar hacia la zona del cerro La Banderita y el Camino del Cuadrado.

Colocó a su víctima en el baúl del auto y salió con rumbo a la Pampa de Olaen. Alrededor de la 1.30 de la madrugada, un retén de la policía rural, lo identifica en ese camino rural y el agente toma una foto de la patente del vehículo. Galván continuó manejando, ya sin la posibilidad de dejar el cuerpo por esa zona, entonces enfiló por ruta 38, hacia Molinari y desde allí pasó por Valle Hermoso hasta llegar al km 14 del Camino del Cuadrado.

Tuvo tiempo de calcular, de pensar, hasta tal punto que declaró: “Puse balizas, baje a orinar y pensar qué hacer”. En el punto elegido bajó el cuerpo, lo llevó a unos 12 metros de la ruta y a ocho de un alambrado, colocándolo entre unos pastizales. Trató de simular un accidente o un ataque de terceros contra Ivana.

Continuó declarando. “Al otro día puse ropa a lavar”, en medio del montaje de una escena mentirosa, donde acudió a su trabajo en FADEA, donde “se retiró antes” porque la familia de Ivana le dijo que no podían ubicarla por teléfono. “A mí tampoco me contesta” dijo él, mientras planteaba la posibilidad de que “se encontrara haciendo ejercicios”.

Durante ocho días, Galván les mintió a los investigadores, a la justicia y a la familia tratando de desviar la búsqueda hacia el oeste de La Falda. Simuló llamadas telefónicas, acomodó la escena primaria del crimen y hasta lavó el auto. Todo esto fruto de una mente fría y calculadora y ausente de emociones, tal como lo establecieron las pericias psiquiátricas.

Una relación tóxica

La pareja siempre vivió una relación marcada por la violencia. Existieron denuncias cruzadas y una de esas denuncias había generado la resolución de un juzgado de violencia familiar que establecía una restricción para ambos. Sin embargo, tomaron la determinación de mudarse de la ciudad de Córdoba a La Falda.

Nicole, hija de la víctima, declaró en el juicio “que existía una relación tóxica entre ambos” y agregó que “había violencia física y económica”. Ella fue la última persona en enviarle un mensaje. En la tarde del 11 de febrero, habló brevemente por teléfono y a las once de la noche le envío fotos de sus hijos; la respuesta fue muy breve, algo que le llamó la atención. Se piensa que esa respuesta la escribió Galván, luego de cometer el crimen.

Ella lo amaba” expresó Nicole ante el tribunal y amplió “En lugar de sentirse una víctima, pensaba en él, en su carrera”, coincidiendo con la declaración de María José, compañera de trabajo de Ivana, que aseguró que no lo quería denunciar para que no lo perjudique en su carrera, “no le comentes al jefe”, dijo.

Frialdad, soberbia y manipulación ante el tribunal

En juicio que se llevó a cabo en la Cámara en lo Criminal y Correccional de Cruz del Eje, fue con jurado popular, con la presencia de familiares y amigos de Ivana Módica, compañeras de la Asociación de Trabajadores del Estado.

Galván relató con absoluta frialdad los hechos que envolvieron la relación de pareja. Las discusiones que se generaban a consecuencia de no resolver su divorcio y los cuestionamientos por la cuota alimentaria. Trató de todas las maneras posibles desvirtuar la violencia económica y la asimetría generada desde su posición de poder.

También, al momento de hablar sobre la mecánica de la muerte, dijo que todo había comenzado cuando estaba durmiendo, comenzó la discusión por los temas recurrentes y entonces él la tomó del cuello y “se cayeron al piso”, después no recordaba lo ocurrido. En otro tramo de su declaración, el homicida declaró: “Ivana tenía carácter fuerte, su vida había sido difícil, cuando estaba bien era dulce y cariñosa”.

La defensa intentó plantear la falta de acreditación en la investigación del “femicidio”, ante la independencia económica que mantenía la víctima y aspectos vinculados a las peleas y reconciliaciones. Ante la confesión del crimen por parte de ex militar, en su alegato el letrado pidió la calificación de “homicidio preterintencional” y que se lo condene a 20 años de prisión.

La fiscalía, al igual que la querella, fundamentó la calificación de homicidio agravado por femicidio y la condena a prisión perpetua.

Últimas palabras en el juicio

Nicole expresó, al cierre del debate pidió que se le aplique la pena máxima, y su tía dijo que “el daño causado ha sido muy grave e irreparable. El dolor es muy grande, merece la pena máxima”. La madre de Ivana envió una carta para ser entrada a Galván.

Llegado el momento, el acusado también tuvo su tiempo para dirigirse al tribunal. Fue el único momento en todo el proceso que mostró cierto grado de arrepentimiento. “Pido perdón a los familiares de Ivana por no haber escuchado las voces a tiempo, que me llevaban al abismo”. También pidió que “Dios ilumine el corazón de quienes ofendí y me puedan perdonar algún día”. Por último, le pidió perdón a su hijo, por dejarlo sin padre, e insistió “espero que me crean, son sinceras mis disculpas”

Por último, el hermano de Ivana pidió la palabra para decir que no le creía nada y “tu familia sufre igual que nosotros”.

En un fallo por mayoría, Javier Carlos Galván (45) resultó condenado a prisión perpetua por el femicidio de Ivana Módica y por desobediencia al violar la restricción ordenada por la justicia.

 

 

 

 

 

 

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

dos × cuatro =