Domingo, 24 Mayo 2020 20:41

La libertad en números Destacado

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A mayor libertad económica, mayor es el progreso A mayor libertad económica, mayor es el progreso Gentileza

Quienes detentan las ideas del capitalismo, el liberalismo y el libre mercado, sin haber ahondado lo suficiente en ellas, cometen el trágico error de achacarle distintos males que le son ajenos.

Las personas que utilizan abierta y permanentemente los término neoliberalismo o capitalismo salvaje para atacarlas desconocen que ni unas ni otras describen las propuestas de quienes se llaman a sí mismos liberales o libertarios.

La prueba de que la libertad de mercado, que las políticas liberales funcionan, de que el derecho a la libertad individual es el camino hacia el progreso y hacia la riqueza de las naciones está contenida en los ineludibles números de la historia de los últimos años: son la prueba más evidente y contundente de que la libertad funciona como remedio a los males que han asolado a las sociedades desde que estas comenzaron a formarse hace miles de años.

¿Cuáles son los beneficios de la libertad económica?

Tal como lo menciona la Fundación Heritage —como respuesta a las preguntas respecto del índice que elabora anualmente desde 1995 sobre 186 economías mundiales—, «la libertad económica trae mayor prosperidad. El Índice de Libertad Económica documenta la relación positiva entre la libertad económica y una variedad de objetivos sociales y económicos positivos. Los ideales de libertad económica están fuertemente asociados con sociedades más saludables, entornos más limpios, mayor riqueza per cápita, desarrollo humano, democracia y eliminación de la pobreza»(1).
 

Los detractores de los números —terraplanistas modernos obstinados en esconder el sol con una mano— no advierten ni la importancia significativa ni la relación coyuntural implícita entre la libertad de comercio —a la que tildan frívolamente de frío capitalismo¬ y la calidad de vida de los habitantes de una nación. Quienes hablan de reducir la pobreza en sus propios países —politólogos, periodistas, partidos políticos, gobernantes, sindicalistas, iglesias, filósofos— tienen la obligación de referirse a los números que estas autoridades mundiales recaban anualmente.

La coincidencia entre los informes de la Fundación Heritage, el Instituto Fraser, canadiense, o la organización Freedom House no es casual, sino que responde a las causas ya mencionadas.
 

Ignorar esta información que se verifica de manera permanente en los hechos no hace otra cosa que perjudicar a las millones de personas que todos los días se preguntan cómo tienen que hacer para salir de la pobreza en la que se encuentran inmersos. Imputar de falsedad ideológica a estos informes es una falta de ética imperdonable. Aplicar medidas socioeconómicas contrarias a la libertad, bajo el pretexto de que ellas son necesarias para combatir la pobreza y llevar a un pueblo al progreso, es mentirle en la cara a la gente y condenarla a padecer lo contrario.
 

No hace falta retroceder demasiado en el tiempo para comprobar y comprender, fehacientemente, que una mayor riqueza, un mayor desarrollo, una menor pobreza, una mejor calidad de vida se logran solamente con mayor libertad y que estos conceptos nombrados son conceptos claramente socioeconómicos y no otra cosa.
 

Por ello la insistencia de que la libertad económica es la forma de lograr estos objetivos.
 

Y aún cuando hablar de economía pareciera ser una cuestión desligada de humanidad, no hay mayor humanismo que la libertad de mercado por cuanto las naciones más libres nos confirman, una y otra vez, que los paises que se vuelven más humanistas lo son gracias al capitalismo, al liberalismo, al libre mercado, doctrinas que defienden la libertad por encima de cualquier otra cosa —incluso y específicamente por encima del estado.

El conocimiento detrás de los números

Por alguna extraña razón, la mayoría de las personas prefieren tratar los temas que les atañen en términos de cualidades y no de cantidades —¿miedo a la matemática, quizás?—. Pero, para dejar en claro que los números definen en términos más precisos nuestro conocimiento del mundo y las implicancias de nuestras acciones, veamos que nos dice el Instituto Fraser en cuanto a los objetivos que persigue, no solo con los índices que ellos también publican: «Nuestra misión es mejorar la calidad de vida de los canadienses, sus familias y las generaciones futuras mediante el estudio, la medición y la comunicación general de los efectos de las políticas gubernamentales, el espíritu empresarial y la elección en su bienestar»(2).
 

En realidad, todas las organizaciones y observatorios de fenómenos sociales, políticos y económicos utilizan números —cifras y estadísticas— en sus informes para poder describir la situación en un momento dado o compararlo con datos históricos o con países vecinos. Pero, por alguna otra razón, principalmente y a menudo, partidos políticos y gobernantes suelen evitarlos cuando hablan de economía específicamente y, de manera más precisa, cuando avanzan con alguna medida económica.
 

Así, usando como excusa la pandemia, estamos viendo en nuestro país repetidos intentos de avanzar sobre las libertades individuales —relativas a la compra y venta de productos, a la prestación de servicios, a la producción y al trabajo—, sobre el derecho a disponer libremente de la propiedad privada, sobre el derecho a la vida, sobre derechos constitucionales que protegen inequívocamente a los individuos del poder abusivo del estado, del autoritarismo, de la imposición de medidas mágicas que se contradicen con las cifras conocidas.
 

Es importante, pues, defender la libertad en todo sus ámbitos, no solo porque ello pareciera lo correcto, sino también porque los números sostienen, sin lugar a dudas, que ello es lo correcto.

20 ejemplos de mayor a menor libertad económica

Para ejemplificar lo expuesto anteriormente vamos a comparar el PBI per cápita, la esperanza de vida y la tasa de homicidios de 20 países ordenados de menor a mayor según el puesto que ocupan según el IEF 2020 (Índice de Libertad Económica 2020) elaborado por la Fundación Heritage.

 


 

A estos efectos, es importante señalar que el IEF agrupa a los países como libres, mayormente libres, moderadamente libres, mayormente no libres y reprimidos. Del total de 186 países (6 de los cuales no proporcionan datos) se han tomado muestreos representativos para cada uno de estos grupos, incluyendo a Singapur, Hong Kong, Taiwán, Nueva Zelanda, Suecia, Chile y Uruguay, sin olvidarnos de Argentina que se encuentra en el lamentable puesto 149 de la lista.
Volviendo a nuestro análisis, las tres variables que se han elegido son determinantes ya que ponen en evidencia lo siguiente:
 

a. Conforme a un artículo publicado en el sitio Web de News Medical —una de las principales comunidades de expertos científicos y médicos que elabora y comparte información actualizada en ciencias de la vida desde el año 2004—, sabemos que «la esperanza de vida para un grupo determinado de personas o de la población depende de distintas variables tales como la forma de vida, el acceso a la atención sanitaria, la dieta y el estado económico»(3), pudiéndose decir que el nivel de ingresos promedio en una comunidad afecta la calidad y expectativas de vida de los individuos que la conforman.
 

b. Por otro lado, una alta tasa de homicidios estaría reflejando el nivel de respeto por el derecho a la vida y por la propiedad privada de los individuos, considerándose como propiedad privada tanto los bienes que puede tener una persona como su propio cuerpo. En el gráfico, vemos que los países con menores ingresos son los que tienen una mayor tasa de homicidios. En el caso de Uruguay, Chile y Argentina se observan desviaciones que obedecen a factores como: leyes garantistas que privilegian los derechos de los delincuentes por encima de las víctimas o que victimizan a los sujetos que cometen delitos o que no cuentan con condenas proporcionales a la gravedad de los delitos. También, la presencia de los narcos en estos países aumentan la tasa de homicidios por causas ligadas al consumo de droga, la corrupción de la policía y de los propios estados y debido a guerras entre pandillas.
 

c. Por último, contrasta bastante el nivel de ingresos de los habitantes con el dato anterior, por cuanto es un indicativo directo de un bajo índice de pobreza. En estos países, la tasa de desempleo es más baja que en los demás, teniendo sus ciudadanos las necesidades básicas cubiertas por lo que la gente no sale a robar ni a asesinar a otras personas. Los países más ricos son lo que observan menores tasas de delitos y una mayor esperanza de vida.
Pero el dato más importante a tener en cuenta en estas cifras es el hecho de que los países más ricos lo son tras haber aplicado leyes y políticas de libre mercado, de mayores derechos sobre la propiedad privada y de un mayor respeto por la vida de los individuos; justamente, los tres principios que defiende el liberalismo junto con la igualdad ante la ley.
 

En el caso del índice de libertad económica elaborado por el Instituto Fraser se indica también que para que un país pueda figurar en los primeros puestos de su lista «debe proporcionar una protección segura de la propiedad privada, un sistema legal que trate a todos por igual, la ejecución imparcial de los contratos y un entorno monetario estable. También debe mantener bajos los impuestos, abstenerse de crear barreras tanto para el comercio nacional como internacional, y depender más de los mercados en lugar del gasto y la regulación del gobierno para asignar bienes y recursos»(4).
 

La libertad económica refiere entonces a la libertad de los individuos y a una escasa intromisión del estado en la vida de la gente y en los mercados. Exactamente lo contrario a lo que observamos hoy en Argentina.
 

El avance del gobierno sobre las empresas y sobre la riqueza de los individuos, así como la creación de nuevos impuestos, el encierro obligado sin un acuerdo libre entre las partes, el aumento del gasto público, el endeudamiento y la inflación monetaria, lejos de alejar los problemas socioeconómicos y de velar por la salud de la población, solo están logrando la destrucción del empleo, el cierre de miles de empresas y una gran cantidad de personas fallecidas, tal como lo advierte Instituto Cardiovascular de Buenos Aires en un reciente informe publicado en la revista Medicina—entre 6000 y 900 muertes evitables por la actual falta de diagnósticos de problemas cardiovasculares debido al miedo a la pandemia y al miedo de acudir a los centros de diagnóstico(5).
 

Defender la libertad no es otra cosa que exigir el derecho a una mejor calidad de vida. Es defender la vida.

 

 

 

Por: Federico G. Rudolph (librepensador, escritor y periodista independiente)
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1) The Heritage Foundation, 2020 Index of Economic Freedom: About The index, https://www.heritage.org/index/about?version=308.
2) Fraser Institute, Welcome to the Fraser Institute: Our mission, https://www.fraserinstitute.org/about.
3) News Medical, Cuál es la esperanza de vida, https://www.news-medical.net/health/What-is-Life-Expectancy-(Spanish).aspx.
4) Fraser Institute, Economic Freedom Basics, https://www.fraserinstitute.org/economic-freedom/economic-freedom-basics.
5) Revista Medicina, Enfermedad Cardiovascular en tiempos de Covid-19, https://www.medicinabuenosaires.com/indices-de-2020/volumen-80-ano-2020-no-3-indice/enfermedad/.

 

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