La Argentina tiene el mayor número de colmenas en el Hemisferio Sur y es el segundo exportador de miel detrás de China, y el primero en ingreso de divisas. En el año 2013, los envíos totalizaron 64.380 toneladas de miel.


La apicultura ocupa un lugar destacado en la producción agropecuaria de la Argentina. La miel producida en nuestro país es considerada una de las de mejor calidad en el mundo. Actualmente la Argentina es el segundo exportador del producto, detrás de China que es el mayor productor y exportador del producto en el mundo.
El crecimiento de la actividad vivido entre los años 2000 a 2004 hizo que la apicultura se desarrollara en todo el país, aumentando el número de apicultores y de colmenas.
"Produjo la expansión de la producción apícola, que estaba radicada en la Pampa Húmeda, a casi todas las provincias de nuestro país, no sólo por ser fuente de productos naturales, sino también por la excelente cualidad que posee la apicultura como factor de desarrollo rural y familiar de las comunidades", explicó Diana Guillén, presidenta del Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa).
Las acciones del Senasa en la actividad también tienen en cuenta la política impulsada por el ministro de Agricultura de la Nación, Carlos Casamiquela, de apoyo y fomento a la agricultura familiar y a las economías regionales.
Las referidas condiciones también fueron la base para que en la última década el sector apícola se organizara e invirtiera en tecnología, siendo fuertemente acompañado por el Estado nacional a través de sus organismos técnicos, que ubican a la Argentina como uno de los países con mayor nivel científico técnico a nivel mundial.
También, es fundamental el valor social y ecológico que tiene la apicultura. La crianza y multiplicación de abejas contribuye singularmente con la biodiversidad ambiental y con la producción de alimentos. La FAO estima que por cada dólar de ganancia por la producción de miel, se están generando quince dólares por la acción benéfica de este insecto durante la polinización de cultivos relacionados con la producción de alimentos.
El Senasa diagramó sistemas de gestión y control de la cadena productiva y sus respectivas normativas de trazabilidad, que tienen en cuenta las necesidades del mercado interno y los diferentes requerimientos de los mercados externos a los que se envía la miel argentina. "Si bien estos sistemas no eran nuevos en el mundo, si fue novedosa su aplicación en un país con un gran número de colmenas", refiere Rodolfo Bottini, director nacional de Sanidad Animal del Senasa.
En la Argentina, actualmente, unos 25.000 productores apícolas trabajan con alrededor de tres millones de colmenas, siendo el país de mayor cantidad de ellas en el Hemisferio Sur. Las colmenas se ubican principalmente en las provincias que conforman la región de la Pampa Húmeda. Casi el 50 por ciento del total de colmenas están en la provincia de Buenos Aires. Otro 35 por ciento se reparte entre las provincias de Córdoba, Santa Fe, La Pampa y Entre Ríos. El 15 por ciento restante se distribuye en el resto del territorio nacional. Con excepción de Tierra del Fuego, todas las provincias argentinas explotan colmenas comercialmente.
"Además, la cadena apícola sostiene económicamente a casi 100 mil familias, entre productores y otros actores vinculados a la comercialización de estos productos e insumos, y representa una de las principales actividades para la agricultura familiar y las economías regionales", explica Nicolás Winter, a cargo de la Dirección de Programación Sanitaria del Senasa.
Durante el 2013 los principales compradores de miel de la Argentina fueron: Estados Unidos 43.331 toneladas (67%); Alemania con 5.509 toneladas (8.5%); Japón con 3.493 toneladas (5.4%); Arabia Saudita con 2.164 toneladas (3.7%); Canadá con 2.058 toneladas (3.2%); Italia con 1.366 toneladas (2.12%) e Indonesia con 1.139 toneladas (1.7%).
El Senasa viene acompañando el crecimiento de la actividad y su ordenamiento productivo y territorial, a través de estos años y, en el 2013, estableció un nuevo marco normativo para el sector al unificar y actualizar los contenidos de la normativa sobre sanidad apícola.
"Mediante la Resolución 278/2013, se creó el Programa Nacional de Sanidad Apícola, estableciendo sus funciones y las acciones a ejecutar principalmente en relación a las enfermedades de las abejas consideradas con mayor impacto productivo y económico: Varroosis (Varroa destructor), Nosemosis (Nosema apis, Nosema cerenae), Loque americana (Paenibacillus larvae); Cría yesificada (Ascophaera apis), Loque Europea (Mellisococus pluton), y enfermedades virales; así como también las enfermedades y plagas de las abejas, que no están presentes en la Argentina, que son causadas por Acarapis woodi, Aethina Tumida y Tropilaelaps spp, las cuales son incorporadas al Reglamento General de Policía Sanitaria de los Animales", explica Mariano Bacci, coordinador del Programa creado.
Los ejes principales del Programa son la planificación de muestreos regionales, tareas de extensión y difusión de información sanitaria y la participación en las negociaciones con mercados internacionales. También, el apoyo de instrumentos fundamentales como los registros nacionales de productores apícolas; de apiarios de crianza, de inspectores sanitarios apícolas (técnicos privados acreditados por el Senasa) y el control de movimientos de colmenas.

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