• La comunidad de Villa Giardino protestó ante la falta de respuesta por parte estado.
  • Aseguran que durante el mes de abril se registraron 60 robos en viviendas.
  • En las últimas horas la comisaría local recibió un nuevo móvil y en septiembre incrementaran el número de efectivos.

Movilizados por la preocupación ante el incremento de hechos delictivos, los vecinos en forma pacífica y sin banderas políticas, decidieron realizar una nueva protesta ante la falta de respuesta del estado a un problema que viene creciendo en todo el departamento Punilla.
 

Los pueblos y ciudades a la vera de la Ruta Nacional 38, con el correr de los años, fueron perdiendo la habitual tranquilidad serrana para convertirse en una región donde el temor, el miedo y la bronca se conjugan ante el avance de los delincuentes, que hasta el momento parece no tener límites posibles.
 

La gente se muestra comprensiva al momento de hablar de las limitaciones judiciales y policiales, pero a pesar de las distintas reuniones con las autoridades, interpreta que no se avanza en mejorar esas condiciones y la situación se torna más delicada.
  

Los reclamos también se hacen sentir cuando se habla de las responsabilidades que comparte el municipio. Por un lado, el cuestionamiento por las “cámaras de seguridad”, que, al decir de los vecinos, no tienen buena resolución y ubicadas en lugares de poca efectividad, se transforman en un gasto cuestionable.

En el momento de la concentración en Plaza San Martín, se dio lectura a una solicitada donde se manifiesta el descontento y la preocupación por la situación que se vive en la villa serrana.
 

Ya pusimos alarmas, rejas, cercos perimetrales, nuestros perros son cada vez más grandes. Ya hablamos y pedimos acciones a todos los niveles, autoridades municipales, provinciales, policía, políticos, medios de comunicación, centros vecinales y nada ha mejorado”, afirma la nota. “Estamos aquí para hacer público nuestro dolor interno, nuestra desesperación, nuestra pena por ver a un pueblo tranquilo convertido en tierra de nadie”, continúa la nota.
 

En un párrafo destinado a las autoridades, se expresa “Tuvieron literalmente mas de 100 oportunidades para encontrar a los responsables. Se nos dice abiertamente que no hay recursos, que no hay pruebas, que no hay esto, que no hay lo otro. Lo que realmente no hay más, es paciencia”.

El problema central, sigue sin estar en la agenda.
 

El lícito reclamo de seguridad y de mayores y efectivas respuestas por parte de las autoridades se mantiene vigente desde hace mucho tiempo atrás. Podemos remontarnos a reuniones de seguridad desde el año 2008.
 

Siempre se habló de nombres, lugares, situaciones que requieren mayores controles, reincidencias, menores involucrados, y a pesar de este escenario que se mantuvo en el tiempo, la respuesta fue inexistente.
 

La situación social que transforma a algunas personas en vulnerables ante el avance de la deserción escolar, la falta de trabajo estable que pinta un panorama negativo y el avance de las adicciones conforman un cuadro donde la expectativa de mejoras en los niveles de vida se mantiene en un plano descendente.
 

A esta situación, hay que sumarle el crecimiento demográfico de las localidades, que año tras año, nos acerca a una megaciudad como Córdoba, con mayores posibilidades de conectividad y por lo tanto nos hace más permeables para el traslado de los malvivientes para estos lugares, que se encuentran con una población “más confiada” con costumbres muy amigables, que son aprovechadas por los oportunistas amigos de lo ajeno.
 

Los habitantes del Valle de Punilla, nos vemos obligados a cambiar en parte nuestra forma de vida, adaptándonos a la situación que nos afecta, pero al mismo tiempo, para minimizar esos efectos, debemos exigir respuestas a todos los componentes del estado, comenzando por los municipios y llegando a la provincia y legisladores, porque por más que intenten mirar hacia otro lado, son quienes tienen que dar las respuestas que los ciudadanos necesitamos.